Diseñar el recorrido con quien lo usa
Se selecciona una situación concreta: entrar, pedir una acción o recibir un aviso. Se acuerdan formas de interacción y permisos para los dispositivos disponibles. El sistema debe permitir reconocer qué entendió y cómo respondió. La adaptación se construye con la experiencia de uso, no con un perfil impuesto desde afuera.
Lo que aporta el sistema
Argos recibe señales autorizadas, mantiene un estado del entorno, detecta cambios relevantes y aplica protocolos definidos. Cuando falta evidencia o una acción supera sus permisos, eleva la decisión.
La alternativa manual también debe ser accesible
Una falla de conexión o interpretación no puede dejar a la persona sin una forma de continuar. Se preparan alternativas y se prueban con el usuario. Lo que funciona en una demostración puede no funcionar en el espacio real; por eso iluminación, sonido, ubicación y dispositivos forman parte de la aceptación.
La misma señal no sirve para todos
Un aviso sólo sonoro puede no ser útil para una persona; una pantalla pequeña puede dificultar el uso de otra. La implementación revisa cómo presentar información y qué dispositivos pueden ayudar. No se deduce una discapacidad por observación: las preferencias y necesidades se definen con la persona y sus responsables cuando corresponde.
Medir autonomía en situaciones concretas
La prueba revisa si la persona puede completar el recorrido, comprender los avisos y retomar el control. Se incluyen errores, repetición de pedidos y fallos de dispositivos. La utilidad se evalúa con el usuario, sin prometer resolver todas las necesidades mediante un único sistema.